Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19
“Jerusalén, clama al Señor con toda tu alma”
Salmo 73:
“No te olvides, Señor, de nosotros”
San Mateo 8, 5-17
“Muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos”
Encontramos en este pasaje a un hombre que a primera vista podría ser todo, menos amigo de Jesús: extranjero, poderoso, de la dominación, militar, y, como él mismo dice, acostumbrado a mandar. Y sin embargo, nos muestra actitudes completamente diferentes: se acerca a Jesús para solicitar humildemente un favor, se interesa por su criado, da muestras de una gran fe y se considera indigno de que Jesús vaya a su casa. ¡Qué diferente a las actitudes de los escribas y fariseos que se dicen herederos de las promesas y conocedores de las Escrituras! Por eso recibe la alabanza de Jesús. Hay personas a quienes la religión parece deshumanizar, hay personas que la sabiduría los hace arrogantes, hay personas a quienes el poder, los convierte en tiranos. En este oficial romano encontramos todo lo contrario. Jesús insiste en alabarlo contraponiéndolo a la fe de Israel. Esto puede servirnos de enseñanza y corregir muchos vicios que pueden deformar al creyente. Tener fe no es cuestión de haber dicho una vez el credo, sino es una actitud confiada, constante y renovada en el actuar de Jesús. Cada día tenemos que renovar nuestra fe y confianza en él. Cada día tenemos que confrontar nuestro actuar con sus deseos. No podemos considerarnos dignos y merecedores de las gracias. Será un error, sentirnos limpios y con derechos, solamente porque nos hemos bautizado, porque nos hemos confesado. Siempre necesitamos estar en constante conversión. Además es digna de imitar su preocupación por un criado, pensando en las condiciones y en la forma en que vivían los criados de la época. Lo trata como una persona, con dignidad y hasta se atreve a pedir un favor para él. Todo lo contrario a las actitudes que nos propone el mundo cuando considera a las personas más como objetos que como sujetos de derechos. Aunque se hable de derechos humanos y se susciten muchos problemas para defenderlos, muchas veces en la práctica, se olvidan de la persona. Que el ejemplo de este oficial nos conduzca a un encuentro con Cristo y a un servicio desinteresado a las personas, sobre todo a los más débiles y abandonados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario