El mundo juvenil le ha dado un toque muy original, romántico y sentimental a la celebración del día del amor y la amistad. Este efusivo deseo de expresar el amor a los amigos -y especialmente a la novia, al novio, a la esposa o al esposo- ha sido captado por el mercado que bombardea de ofertas y productos para darle un giro comercial a esta jornada.
Sin embargo el amor es más que una flor o un chocolate. El amor es más que un corazón, decorado artísticamente, que se regala con una evidente carga afectiva. El amor no tan fácilmente se derrite, como el chocolate, y de hecho no se acaba ni se expresa totalmente en una acción concreta. El amor no siempre es de miel, pues en muchas ocasiones también pasa por la hiel.
Posiblemente esta acentuación romántica y mercantilista que se le ha dado al día del amor y la amistad nos hace perder de vista otras formas de expresión que tiene el amor y que urge rescatar.
Además de la celebración del día del amor y la amistad esta semana los cristianos tenemos metida en el corazón la situación de los enfermos, después de celebrar la Jornada Mundial del Enfermo el día 11 de febrero, en el marco de la fiesta de la Virgen de Lourdes. El Santo Padre ha invitado a todos los fieles del mundo a sensibilizarnos y comprometernos en relación a las necesidades de tantos hermanos enfermos que están muy cerca de nosotros.
Precisamente esta Jornada nos ha comprometido a expresar el amor no solamente con globos y chocolates, expresarlo no sólo de manera afectiva sino de manera efectiva, en este caso acercándonos a los enfermos y transmitiéndoles nuestro cariño, nuestra fe, nuestra solidaridad y confianza en Dios.
Una Jornada de oración como esta pretende que todos los cristianos no vivamos sin desconocer los dolores y las angustias que pasan muchas personas. En efecto, la cultura dominante que fomenta el egoísmo y la vanidad está provocando que muchas personas enfermas y necesitadas no sean atendidas de acuerdo a los difíciles cuadros que presentan.
Las situaciones de aislamiento, abandono e indiferencia a las que son sometidos, incluso en algunos casos por sus mismos familiares, tienen que llevarnos a reaccionar. Por otra parte, el sector salud enfrenta todavía el reto de ofrecer una atención más calificada a los enfermos, así como extender la cobertura de salud a las personas con menos recursos y a las familias que viven en las zonas más apartadas de nuestro país.
En el tema de salud hay mucho que reflexionar, políticas públicas que optimizar y actitudes que mejorar. Por eso, la sociedad y el gobierno así como la misma Iglesia tenemos que comprometernos a través de las instituciones sanitarias, las asociaciones civiles y las estructuras pastorales para asegurarnos de que nuestros enfermos están siendo bien atendidos -médica, moral y espiritualmente- y reconfortados en su situación.
Le pedimos al Señor, por intercesión de la Virgen de Lourdes que se apareció a una niña enferma, que podamos expresar el amor cristiano sobre todo a aquellas personas que necesitan de nuestro cariño, consuelo y solidaridad. Que esta Jornada nos ayude a entender que el verdadero amor tiene que ver con la donación, con la entrega generosa, con el sacrificio y la renuncia, es decir, que el amor auténtico está en el dar y no solamente en el recibir. Y para los hermanos que necesiten dirigirse a Dios para pedir por algún familiar enfermo les recomendamos esta oración que hacemos en la Iglesia y en la que solicitamos la intercesión de San Pío de Pietrelcina.
Pbro. José Juan Sánchez Jácome
Oficina de Comunicación Social
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